Cada 7 de agosto, Argentina se une en la conmemoración de San Cayetano, el patrono del pan y el trabajo. Este año, miles de devotos se congregaron nuevamente en el santuario de Liniers, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y en diversas parroquias del país, para renovar su fe y elevar sus plegarias por sustento y estabilidad económica.

La festividad, que tradicionalmente se centra en la búsqueda de empleo y la providencia, ha evolucionado en los últimos años para incorporar un fuerte componente de solidaridad. Muchos fieles optan por llevar donaciones de alimentos no perecederos y ropa, transformando la peregrinación en una expresión tangible del espíritu de servicio de San Cayetano hacia los más necesitados. La historia del santo, nacido en Vicenza en el siglo XV y dedicado a la ayuda de pobres y enfermos, inspira esta jornada de encuentro y generosidad.

El santuario de Liniers, ubicado estratégicamente en Cuzco 150, se ha consolidado como uno de los principales centros de peregrinación católica en Argentina. Su accesibilidad histórica facilitó la llegada de multitudes, especialmente trabajadores y familias migrantes que buscaron en la fe un refugio y en San Cayetano un símbolo de esperanza y reivindicación del derecho al trabajo. La imagen del santo, a menudo acompañada por una espiga de trigo, representa la abundancia y la protección divina en tiempos de escasez.

Este año, la jornada adquirió un matiz particular con la movilización de diversas organizaciones sociales y sindicales, como la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), la CGT y las dos CTA. Bajo las consignas de Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo, la marcha partió desde el santuario de Liniers, tras la tradicional bendición de herramientas, y avanzó por la Avenida Rivadavia hasta la Plaza de Mayo, donde se realizó un acto central. Las condiciones climáticas en la Ciudad de Buenos Aires, con cielos parcialmente nublados y temperaturas frescas, acompañaron el desarrollo de las actividades a lo largo del día.

Fuente original: Infobae