Un nuevo y preocupante estudio liderado por el prestigioso Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI) encendió las alarmas en el ámbito de la salud pública. La investigación sugiere que la exposición prolongada a ciertos compuestos químicos presentes en el agua potable podría incrementar el riesgo de desarrollar cáncer de útero, uno de los tumores ginecológicos más frecuentes. La lupa se posó sobre los trihalometanos, sustancias que se forman durante el proceso de desinfección del agua, y su asociación con una mayor incidencia de este tipo de cáncer, particularmente en su subtipo endometrioide.
Los hallazgos, publicados en la reconocida revista JAMA Network Open, se basan en un extenso análisis de datos provenientes del California Teachers Study, que monitoreó a más de 53.000 mujeres sin historial previo de cáncer ni histerectomía. Las participantes, todas con al menos diez años de residencia en un mismo domicilio abastecido por un sistema público de agua, fueron seguidas durante casi dos décadas. Este estudio amplía considerablemente la evidencia existente, que hasta el momento se limitaba a una única investigación realizada en Iowa. Los autores enfatizan la urgencia de profundizar la investigación sobre factores ambientales modificables que impactan la salud femenina.
Para estimar la exposición a estos contaminantes, los investigadores cruzaron las direcciones de las participantes con los registros de los sistemas de abastecimiento de agua. Estos registros incluían datos sobre concentraciones de trihalometanos (como cloroformo y dibromoclorometano), ácidos haloacéticos, nitrato, arsénico y uranio, recopilados entre 1990 y 2005. Los diagnósticos de cáncer de útero fueron confirmados mediante el registro estatal de cáncer, y los resultados se ajustaron para considerar otras variables como la edad, el índice de masa corporal y el tabaquismo.
Los resultados fueron contundentes: las mujeres con la mayor exposición a trihalometanos mostraron un 18% más de riesgo de desarrollar cáncer de útero en comparación con aquellas con los niveles más bajos. Esta asociación fue aún más marcada en los tumores de tipo endometrioide. Además, el estudio identificó al cloroformo y al dibromoclorometano como los principales responsables dentro de la mezcla de contaminantes. También se observó que elevadas concentraciones de ácidos haloacéticos (HAA5) duplicaban el riesgo de tumores uterinos no endometrioides, aunque no se encontró una relación similar con nitrato, arsénico o uranio.
Los investigadores subrayan que sus conclusiones son coherentes con la única investigación previa sobre el tema, lo que refuerza la validez de los hallazgos. Según la autora principal, Maya Spaur, estos compuestos podrían actuar como disruptores endocrinos, alterando funciones hormonales y participando en procesos celulares vinculados al desarrollo tumoral. Rena R. Jones, investigadora sénior, destacó la relevancia de estos resultados para la salud pública, instando a examinar los contaminantes del agua como factores de riesgo modificables para este cáncer tan prevalente en las mujeres. Aunque reconocen limitaciones, como la falta de datos sobre el consumo individual de agua, los autores insisten en la necesidad de futuras investigaciones y posibles medidas regulatorias para reducir la exposición a estos subproductos de la desinfección del agua potable.
Fuente original: Infobae

