La reciente final del Mundial de fútbol femenino, que coronó a la selección española con su segunda estrella, dejó imágenes de festejos por doquier, desde las calles de España hasta el corazón de Nueva York. Sin embargo, hubo un escenario de celebración menos convencional pero igualmente emotivo: las misiones internacionales donde miles de militares españoles se encuentran desplegados.
Lejos de sus hogares y familias, estos hombres y mujeres que sirven a su país en distintos puntos del planeta tuvieron la oportunidad de hacer un alto en sus exigentes tareas para seguir de cerca la gesta deportiva. El Estado Mayor de la Defensa (EMAD) compartió a través de sus redes sociales cómo la pasión mundialista unió a contingentes desde Yibuti, en el Cuerno de África, hasta diversas zonas de Europa y en la inmensidad del alta mar, replicando la atmósfera de fechas especiales como Navidad o Año Nuevo.
La distancia y las demandas operativas no mermaron el espíritu ni la ilusión de la tripulación. Desde buques de asalto como el ‘Castilla’ hasta fragatas como la ‘Numancia’, que opera en el Océano Índico como parte de la misión ‘Atalanta’, la emoción fue palpable. «Nos sentimos muy cerca de España, y ver a la selección nos motiva y nos une aún más como equipo», expresó un integrante desde una de las bases. Mensajes de aliento y orgullo resonaron desde Eslovaquia y la base aérea de Sigonella, en un claro testimonio del arraigo del espíritu español, incluso a miles de kilómetros de distancia.
La victoria de «La Roja» se convirtió así en un poderoso catalizador de unidad y motivación. Cada gol y cada avance de la selección fue celebrado con fervor, demostrando que, aunque en misión, la conexión con la patria permanece intacta. Este evento deportivo no solo brindó alegría, sino que también reforzó el compañerismo y el sentido de pertenencia entre los militares, quienes, al igual que todo su país, vivieron con nerviosismo y orgullo uno de los momentos más importantes de la historia deportiva de España.
Fuente original: Infobae

