Ismael «El Mayo» Zambada, uno de los líderes históricos del temido Cártel de Sinaloa, recibió este lunes una condena de cadena perpetua en la Corte del Distrito Este de Nueva York. Antes de que se dictara la sentencia, el narcotraficante leyó una reveladora carta en la que asumió la total responsabilidad por sus delitos, pidió perdón a las víctimas y lanzó una contundente advertencia sobre la necesidad de poner fin a la violencia que azota a México.
La misiva, cuyo contenido fue difundido por la periodista Azucena Uresti tras conocerse la sentencia, mostró a un Zambada que no buscó atenuantes ni compasión. En sus palabras, reconoció haber crecido en un entorno donde la criminalidad parecía normal, pero enfatizó que esa realidad no justifica sus acciones. «Yo no lo hice, y muchas personas pagaron las consecuencias», sentenció, haciendo hincapié en la responsabilidad individual sobre las decisiones tomadas.
El proceso judicial, presidido por el juez Brian Cogan, no solo culminó con la condena a prisión de por vida, sino que también incluyó el decomiso de una cifra impactante: 15 mil millones de dólares. Zambada, quien compareció sin esposas y con un notorio deterioro físico, decidió no impugnar la sentencia. Su defensa solicitó que fuera recluido en un centro penitenciario con asistencia médica, una petición que el juez se comprometió a trasladar a la Oficina Federal de Prisiones sin garantizar su cumplimiento.
En su carta, «El Mayo» explicó su decisión de no ir a juicio, afirmando que no quería negar la verdad de sus actos. Aceptó que las autoridades tienen el deber de proteger a la sociedad y que sus acciones lo colocaron en la vereda opuesta a ese principio. Su mensaje fue una clara aceptación de la gravedad de la pena y del castigo impuesta, sin condiciones ni ruegos de piedad. «No estoy aquí para pedir compasión; estoy aquí para asumir mi responsabilidad y pedir perdón por el daño que causé y por el ejemplo que di», escribió.
Finalmente, Zambada dirigió un mensaje a las nuevas generaciones, instándolas a elegir un camino distinto al de la violencia y el crimen. Advirtió que no hay honor ni futuro duradero en esas sendas, solo dolor y pérdida. Concluyó expresando que pasaría el resto de sus días reflexionando sobre sus errores, con la esperanza de que sus palabras pudieran servir de advertencia para otros y evitar que repitan su historia.
Fuente original: Infobae

