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El «Caso Adorni» desata una tormenta política y erosiona la bandera anticorrupción del Gobierno de Milei

27/06/2026 3 min de lectura Por Redacción
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La situación en torno al ahora ex vocero presidencial, Manuel Adorni, se ha convertido en un verdadero polvorín que amenaza con desestabilizar la imagen del Gobierno de Javier Milei. Lejos de ser un incidente aislado, este escándalo, que incluye acusaciones de irregularidades financieras y un desempeño cuestionado en su rol, está generando una profunda crisis política y exponiendo tensiones internas dentro del oficialismo y sus aliados.

La férrea defensa de Milei hacia Adorni ha tenido un alto costo político. Esta semana, una sesión clave en el Senado para tratar una posible moción de censura se cayó, generando un alivio generalizado. El oficialismo logró ganar tiempo, los bloques dialoguistas evitaron quedar expuestos en la defensa de un funcionario polémico, y la oposición encontró una nueva oportunidad para mantener el tema en la agenda. Sin embargo, esta estrategia de postergación no hace más que profundizar la percepción de una Jefatura de Gabinete en descomposición.

Las repercusiones se sienten en el ámbito de las alianzas. El PRO, por ejemplo, se encuentra en una encrucijada, buscando cómo apoyar la dirección económica del gobierno sin quedar asociado a los recurrentes tropiezos éticos e institucionales. Las sospechas de Milei hacia Mauricio Macri, a quien percibe tejiendo una candidatura para 2027, y las tensiones internas generadas por la insistencia de Karina Milei en defender a Adorni, complican aún más el panorama político del oficialismo.

Más allá de las acusaciones de enriquecimiento ilícito, la crítica central a Adorni apunta a su falta de idoneidad para el cargo. Las presuntas maniobras para justificar gastos personales, como las facturas de blanquería, no solo exhiben una picardía de baja monta sino que también contradicen el discurso «anticasta» y «anticorrupción» que fue pilar de la campaña libertaria. Esta inconsistencia debilita el relato oficial y dificulta la activación del dispositivo de la grieta en modo electoral, dejando a la «moral como política de Estado» como una consigna vacía.

Mientras tanto, la preocupación de la gente ha mutado. Si bien la estabilización macroeconómica es reconocida, el foco se ha desplazado de la inflación a la caída de los ingresos y el menor rendimiento del salario. Estudios de opinión revelan un aumento del estrés financiero en los hogares y una «privatización del malestar», donde la ciudadanía no busca ayuda en el Estado. Este sufrimiento económico, sumado a la «desmadre de la política», comienza a pesar seriamente en la consideración popular.

A pesar de este complejo escenario, el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella registró un leve repunte en junio. La principal fortaleza de Milei parece residir en la debilidad y desorientación de una oposición fragmentada. Sin embargo, con el «Caso Adorni» en el centro de la escena y la erosión de su narrativa fundacional, el futuro político del gobierno se presenta más incierto que nunca, con la necesidad de recalcular la estrategia más allá de los logros económicos y las distracciones temporales.

Fuente original: Infobae