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Viernes 6 de noviembre de 2026
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Sociedad

“Maneje un poco y se le va la alegría”: entusiasmo y malestar en Buenos Aires antes de la llegada del Papa

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Luciana Sastre, de 49 años , vive en Palermo desde hace dos décadas. Para ella, las molestias de tránsito ocasionadas por los cortes de calles en la zona del Monumento a los Españoles son secundarias. “ Es histórico, no sé por qué se quejan tanto. Solo son unos días; es el Papa ”, sostiene emocionada. Mientras habla, un joven que trabaja para una aplicación de reparto de comida interviene en la conversación. “Maneje un poco y se le va la alegría” , responde antes de retirarse.

El intercambio dura apenas unos segundos, pero refleja una discusión que aparece una y otra vez durante una recorrida de LA NACION por la zona : la importancia de recibir al Pontífice frente a las dificultades que ya generan los cortes por el operativo de seguridad. Faltan dos días para que León XIV llegue a la Argentina y su presencia ya comienza a modificar la vida cotidiana de Buenos Aires .

María Collazo intenta encontrar una salida con su auto, pero las calles de Palermo parecen ofrecerle cada vez menos alternativas . Los conductores que circulan este viernes por la del Monumento de los Españoles deben modificar su recorrido por los cortes. En una esquina hay vallas; en otra, un agente de tránsito indica que debe cambiar de dirección.

“La verdad que me gusta que venga el Papa ; prefería que viniera Francisco, pero bueno, me conformo. Lo que sí no me banco son los cortes; es imposible, hacen la vida complicadísima ”, comenta, a la vez que suma que piensa regresar el lunes para participar de la visita papal. “Si hoy fue imposible, el lunes va a ser peor. Pero voy a venir”, agrega.

El recorrido de LA NACION comienza en Virrey del Pino, entre las avenidas del Libertador y Luis María Campos, y continúa por los alrededores del monumento, la avenida Santa Fe y distintos sectores de Palermo hasta Ugarteche. Sobre Gorostiaga todavía pasan algunos vehículos. También circulan bicicletas y monopatines. Pero el movimiento se interrumpe al llegar a las primeras barreras metálicas . Hay carteles, policías de tránsito y vecinos que se acercan para preguntar por dónde pueden pasar.

Maure ya está cerrada, aunque conserva un acceso peatonal para cruzar de un lado al otro. Jorge Newbery también permanece interrumpida. Matienzo continúa abierta parcialmente, pero está cortada desde Migueletes, al igual que San Benito de Palermo. En las calles liberadas de automóviles, bicicletas y monopatines aprovechan para circular en ambos sentidos . Para quienes conducen, en cambio, encontrar una salida puede significar volver sobre el camino recorrido.

La situación se repite en diferentes puntos. Una valla impide avanzar, un cartel anuncia un desvío y un agente señala otra dirección. Algunos peatones deben retroceder y los vecinos preguntan cómo podrán ingresar a sus viviendas . Un vecino cuestiona la anticipación de las restricciones: “Es complicado, no entiendo cómo empezaron esto dos semanas antes si podían dejar abierto y cerrar, por ejemplo, el sábado ”.

A medida que se avanza hacia el Monumento de los Españoles, los preparativos ocupan cada vez más espacio . Hay trabajadores colocando carteles, otros pintando superficies y personal que termina de acondicionar distintos sectores. Sobre estructuras negras aparecen dibujos blancos vinculados con la visita papal . En el escenario se realizan pruebas de iluminación, mientras algunas personas se detienen a pocos metros para observar los trabajos y sacar fotos. Pantallas gigantes, cerramientos y vallados completan un paisaje que todavía está en construcción.

Rosa Salvatierra, de 67 años , permanece unos instantes mirando los preparativos. Sonríe. Llegó desde Tucumán para participar de la visita . “Soy devota”, cuenta. A su alrededor continúan los trabajos, pero ella se detiene a observar el lugar donde se espera recibir al Pontífice.

La llegada de León XIV también recupera entre los fieles el recuerdo de Francisco , el Papa argentino que marcó una etapa particular en la relación del país con el Vaticano. Lucas Gutiérrez tiene 20 años y decidió colaborar con los preparativos. “Vine a ayudar, es importante lo que va a realizar el Papa . Francisco nos llamó. León nos buscó”, explica. Su presencia se suma a la de quienes trabajan para acondicionar los espacios antes de la llegada de los asistentes. Algunos trasladan materiales, otros organizan estructuras y varios continúan con las tareas de pintura.

Pepe Moreno está precisamente ocupado en uno de esos trabajos. Mientras pinta, cuenta qué significa participar de la organización. “ Es un placer trabajar para algo así . Mi mamá me pide fotos todo el tiempo, está feliz de que esté trabajando acá. Dios nos ayudó mucho, el Papa es su representante ”, dice a este medio. La expectativa por el acontecimiento también se vive entre quienes deben terminar las instalaciones.

En los Bosques de Palermo, las restricciones también alcanzan espacios que habitualmente utilizan quienes salen a caminar, correr, tomar mate o almorzar. Una extensa sucesión de vallas blancas bordea los Lagos de Palermo y atraviesa distintos sectores de césped. Algunas acompañan los senderos y otras se suman al alambrado que separa los caminos del agua. Las estructuras metálicas rodean árboles de grandes dimensiones y delimitan zonas que, hasta ahora, formaban parte del recorrido cotidiano de los visitantes .

Las embarcaciones permanecen sobre el lago y las construcciones tradicionales del parque se distinguen entre la vegetación. Los faroles, los árboles y los caminos de tierra rojiza conservan su lugar, aunque ahora comparten el paisaje con largas hileras de baños químicos de color turquesa . Las cabinas de la empresa Basani aparecen junto a las calles internas, cerca de las orillas y entre los senderos. Algunas tienen sus puertas aseguradas con precintos negros .

Entre quienes disfrutan del parque está Matías Cejas, de 30 años. Mira las barreras que rodean parte del lago y no comprende por qué se colocaron también en ese sector. “¿Por qué vallan este lugar? ¿Le tienen miedo a los patos?”, pregunta entre risas. En ese momento, cuatro aves atraviesan el espacio delimitado y continúan caminando sobre el césped . Matías las señala. “Los patos salen igual”, comenta.

Los animales siguen su recorrido sin prestar atención a las estructuras. Algunos tienen plumaje blanco y otros, grisáceo. Picotean el pasto, se acercan al agua y caminan entre los árboles. A pocos metros, varias personas permanecen sentadas, tomando mate o almorzando. La escena contrasta con el despliegue de sanitarios, barreras y cerramientos que ocupa parte de los espacios verdes .

Cerca de la avenida Dorrego aparecen nuevas estructuras, carteles y personal de tránsito. Las pantallas y los paneles decorativos anticipan la concentración de público prevista para los próximos días. En algunos sectores hay vehículos vinculados con el montaje; en otros, los trabajadores continúan acondicionando las instalaciones. Mientras tanto, quienes utilizan habitualmente el parque buscan caminos que todavía permanezcan habilitados .

La salida de Palermo tampoco resulta sencilla. Durante la recorrida de LA NACION , algunos pasos que estaban abiertos minutos antes comienzan a quedar bloqueados . Las vallas aumentan y los agentes indican nuevos desvíos. Lo que parecía una salida termina en otra interrupción. Hay que regresar, buscar una calle habilitada y volver a intentar.

Sin embargo, a medida que el recorrido se aleja del sector del monumento, aparece otra señal de la visita. En distintos balcones cuelgan banderas argentinas, pero ahora el celeste y blanco comienza a compartir espacio con el amarillo y blanco del Vaticano . Las enseñas se multiplican en las fachadas y anticipan, desde las viviendas, la llegada del Pontífice .

Fuente original: La Nación

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