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Lunes 2 de noviembre de 2026
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La trampa del ‘bienestar’: ¿Tanta búsqueda de perfección nos genera más ansiedad que paz?

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En la sociedad actual, la idea de alcanzar el ‘bienestar’ dejó de ser un simple anhelo personal para convertirse casi en una obligación ineludible. Nos bombardean con un sinfín de propuestas: desde dietas de moda y ayunos intermitentes, hasta rutinas de ejercicio funcional, yoga, meditación guiada y terapias alternativas. La lista de métodos y biohacks para optimizar nuestra vida parece no tener fin, prometiendo la clave para una existencia plena y sin preocupaciones.

Sin embargo, esta aparente abundancia de caminos hacia la felicidad esconde una paradoja preocupante. Tanta información, tantas prácticas recomendadas y estándares de perfección por alcanzar, terminan generando el efecto contrario al deseado. En lugar de sentirnos más saludables y equilibrados, muchos argentinos se encuentran atrapados en un círculo vicioso de ansiedad, culpa y la constante sensación de no ser ‘suficientemente buenos’ o de estar siempre en falta.

Quizás sea el momento de detenernos y cuestionar esta agenda de bienestar omnipresente. ¿Realmente necesitamos tanto para sentirnos bien? ¿O estamos complicando algo que, en esencia, podría ser mucho más sencillo? Una perspectiva más minimalista podría ofrecernos una salida más amable: volver a lo básico, a lo que verdaderamente importa. Esto implica conectar con nuestras propias señales internas, escuchar a nuestro cuerpo y realizar pequeños cambios motivados por un deseo genuino de mejorar, no por la autoexigencia.

Antes de adoptar cualquier práctica o descartarla, es crucial responder una pregunta fundamental que a menudo pasamos por alto: ¿Qué significa realmente ‘estar en bienestar’ para mí? Sin una definición personal, sincera y adaptable, corremos el riesgo de vivir persiguiendo ideales ajenos, perdiéndonos en una carrera por alcanzar una imagen prefabricada que puede no tener nada que ver con nuestra propia historia, nuestro cuerpo o nuestro contexto particular.

Esta inquietud no es nueva. Filósofos de la antigüedad como Aristóteles ya hablaban de la ‘eudaimonia’, una plenitud que surge de la realización del propio potencial en armonía con la virtud. Los estoicos, por su parte, proponían que el bienestar no reside en lo que sucede afuera, sino en cómo elegimos vivir, cultivando la serenidad ante aquello que no podemos controlar. Quizás, entonces, el verdadero bienestar no consista en hacer más, sino en hacer menos: menos ruido, menos presión, menos comparación. Y, en cambio, dedicar más tiempo a la escucha interna, la autenticidad y la presencia. Porque al final, el bienestar no es una lista de tareas, ni una tendencia; es un camino personal que cada uno debe encontrar.

Fuente original: Río Negro Online

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