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Jueves 29 de octubre de 2026
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Gabriel Rolón: La felicidad no es lo que creías y la esperanza nos puede paralizar

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El reconocido psicólogo Gabriel Rolón generó un fuerte debate con sus recientes declaraciones sobre la felicidad y la esperanza, desafiando las ideas convencionales que a menudo asociamos con estas emociones. En una entrevista, Rolón criticó la esperanza como algo que “tenés o no tenés”, una herramienta que, según su visión, se utiliza para evadir la responsabilidad personal sobre nuestro propio camino.

Esta perspectiva choca con la creencia popular de que el optimismo es fundamental. Para Rolón, la esperanza desmedida puede dejarnos “incapacitados de jugar un deseo a la espera de que ocurran cosas que son más mágicas que personales”, es decir, nos ancla en la pasividad. Además, el experto abordó la influencia de los mandatos familiares y culturales, lo que en psicoanálisis se conoce como “superyó”, señalando que las voces ajenas suelen nublar nuestra verdadera visión de lo que deseamos para nuestra vida.

“El psicoanálisis es el arte de intentar que alguien no cumpla su destino”, confesó Rolón. En lugar de buscar una felicidad estática e inalcanzable, el psicólogo propone una postura activa, basada en la valentía de enfrentar nuestros propios deseos. Para él, la felicidad, aunque fugaz, es un momento eterno que ocurre en la inmediatez, un instante “donde lo que fuiste, lo que querés ser, lo que te atormenta del pasado y lo que le temes al futuro coexisten”.

Finalmente, Rolón introdujo un concepto innovador: la “faltacidad”. Explicó que si la felicidad es posible, debe ser una que integre nuestras faltas, dolores y heridas. “No existe la felicidad, existe la faltacidad. Que es una felicidad que es capaz de abrazar todas las faltas, ausencias, dolores y heridas”, sentenció. Con esto, descarta cualquier intento de alcanzar una plenitud total, ya que ignora la finitud inherente a la experiencia humana, y advirtió que “la vida deja de tener sentido cuando alguien empieza a buscar la felicidad en el pasado”, renunciando a vivir el presente.

Fuente original: La Nación

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