Donald Trump volvió a ser el centro de todas las miradas en la tradicional Cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, un evento que se realizó tres meses después de haber sido suspendido por un ataque. En esta ocasión, el exmandatario brindó un discurso de más de una hora, donde mezcló su característico humor con críticas punzantes y reflexiones sobre su compleja relación con los medios de comunicación.
La gala, que tradicionalmente se celebra en el Washington Hilton, fue trasladada al Waldorf Astoria y se desarrolló bajo estrictas medidas de seguridad, con una asistencia reducida a unas 700 personas. Antes de la intervención de Trump, la presidenta saliente de la asociación, Weijia Jiang, subrayó la resiliencia de la prensa, afirmando: «Hemos vuelto. No nos dejaremos intimidar». El propio Trump se sumó a este mensaje, condenando la violencia política y celebrando la reprogramación del evento, no sin antes mencionar el riesgo de un posible «asesinato en masa» que pudo haberse gestado en la fecha original.
La noche estuvo marcada por la constante tensión entre Trump y los periodistas. A pesar de la tradición de la cena de recaudar fondos para becas de periodismo y celebrar la libertad de prensa, el expresidente no perdió la oportunidad de arremeter contra la prensa, a la que acusó de padecer el «Síndrome de Trastorno por Trump». Con su habitual sarcasmo, cuestionó los premios entregados a reporteros por sus coberturas sobre su propia administración y llegó a afirmar que los medios de comunicación «van a estar en la ruina» cuando él ya no esté en el centro de la escena política, sugiriendo que su figura es el motor de su negocio.
Durante su prolongado discurso, Trump no escatimó en ataques a figuras de los medios y la política, y retomó temas recurrentes de sus mítines, como Irán y la delincuencia en Washington. Incluso se permitió bromear sobre un tercer mandato presidencial, poniéndose una gorra con la inscripción «Trump 2028». Al concluir la velada, el exmandatario calificó la experiencia como «interesante» pero admitió que fue «mucho peor de lo que pensaba», dejando una vez más su sello inconfundible en un evento clave para la relación entre el poder y la prensa en Estados Unidos.
Fuente original: Infobae

