España atraviesa un verano con temperaturas excepcionalmente altas que ya se cobraron la vida de más de 1.600 personas desde el 21 de junio hasta el 11 de julio. El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III reportó esta impactante cifra, evidenciando la severidad de las dos intensas olas de calor que azotaron el país, con termómetros superando los 42 grados en numerosas localidades.
El impacto de este calor extremo se siente con particular fuerza en regiones como Cataluña, que registra 164 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas, seguida por Andalucía (120), Madrid (113), País Vasco (109) y Castilla y León (95). Estos números se suman a los 101 decesos registrados en mayo, consolidando este período como uno de los más letales por calor desde que se tienen registros históricos.
La situación en España no es un caso aislado. Otros países europeos como Alemania y Francia también reportaron miles de muertes relacionadas con las altas temperaturas, con más de 5.000 y 2.000 respectivamente. Alarmantemente, Europa se está calentando a un ritmo casi el doble que el promedio global, con un aumento de su temperatura media de aproximadamente 0,56 grados Celsius por década desde mediados de los 90. Expertos de la Comisión Europea advierten que los veranos que hoy consideramos extremos podrían transformarse en la nueva normalidad.
Especialistas de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) explican que factores como los cambios en los patrones climáticos, el incremento de la radiación solar y la reducción de la cobertura de nieve contribuyen a que Europa sea el continente que más rápido se calienta. Es crucial entender que la mayoría de los fallecimientos no ocurren por golpes de calor directos, sino porque las altas temperaturas agravan condiciones de salud preexistentes, como enfermedades cardiovasculares o respiratorias, lo que aumenta el riesgo para personas vulnerables o con patologías crónicas.
Los científicos del clima alertan que las olas de calor no solo son más frecuentes, sino que también llegan antes y se prolongan por más tiempo. Este patrón, visible en los últimos años, marca un cambio preocupante que exige una mayor conciencia y medidas de adaptación frente a los desafíos que impone el calentamiento global.
Fuente original: Infobae

