Un gigantesco incendio forestal, calificado como el peor en la historia de Andalucía, España, continúa sembrando el terror en la provincia de Almería. El siniestro, que se desató en la zona de Los Gallardos, ya consumió cerca de 4.000 hectáreas y, lamentablemente, se cobró la vida de al menos doce personas, según los últimos informes del Gobierno andaluz. Cientos de familias viven momentos de angustia y más de 1.150 vecinos fueron obligados a abandonar sus hogares ante el avance implacable de las llamas.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, junto a autoridades locales, brindó una actualización sobre la catástrofe. Confirmó que, además de las víctimas fatales, se registraron tres denuncias por desaparición, y un total de 23 personas permanecen sin ser localizadas. Se espera que durante la jornada se realicen las autopsias para identificar a los fallecidos. La principal hipótesis sobre el origen del fuego apunta a la caída de un cable del tendido eléctrico sobre la ruta N-3404A, lo que generó un cruce de acusaciones sobre las responsabilidades en el mantenimiento de la infraestructura.
Lo que inicialmente fue catalogado como un «incendio de cuneta» se transformó en pocas horas en un infierno incontrolable, sorprendiendo a los propios servicios de emergencia por su velocidad y ferocidad. La complejidad del terreno, con múltiples asentamientos dispersos y barrancos profundos, dificulta enormemente las tareas de los bomberos y la maquinaria pesada. Un vasto operativo de extinción y rescate, con cientos de efectivos de la Guardia Civil, Protección Civil, la Unidad Militar de Emergencias y medios aéreos, trabaja sin descanso para contener el avance del fuego, concentrándose en el flanco oeste de la zona afectada.
Las consecuencias del desastre son palpables: importantes arterias viales, como la autovía A-7 y la carretera AL-6109, permanecen cortadas. La Guardia Civil realiza rastrillajes casa por casa en las áreas ya controladas, sin que hasta el momento se hayan encontrado nuevas víctimas. La situación llevó a desalojos preventivos en otras localidades y a una intensa vigilancia sobre zonas turísticas. Además, generó un debate público sobre la decisión de no activar el sistema de alerta masiva ES Alert, que las autoridades justificaron por la dispersión de la población y la necesidad de mensajes diferenciados para evacuación o confinamiento.
Fuente original: Infobae

